Qué son los Mandalas

La palabra MANDALA es de origen sánscrito y podemos definirla como “círculo encantado” o “círculo mágico”.

Si observamos, vemos que el Universo está organizado de forma circular y alrededor de un centro que se encuentra en interrelación permanente. Es así como, análogamente con la Naturaleza e inspirados en ella, los Mandalas acompañan al hombre desde tiempos inmemoriales y están presentes en las diferentes culturas.
Al observarlos, pintarlos o meditar con ellos, podemos entrar en un camino mágico y de sabiduría, que nos lleva de regreso a quienes somos realmente y también nos ayuda a conectarnos con el Universo del cual formamos parte.

En momentos de crisis o peligro, la Humanidad ha vuelto, de diferentes formas -como se observa en producciones de pueblos originarios- a lo circular. Esta búsqueda natural de autorregulación se ve acrecentada cuando en lo externo las personas no encontramos respuestas a las necesidades más profundas del ser.

Su diseño geométrico nos transmite estabilidad y equilibrio. De esta manera, podemos recuperar nuestra armonía innata y creatividad.

El Mandala puede ser una guía para ubicarnos en nuestro centro más profundo y así integrar los diferentes aspectos de nuestra vida. Puede ayudarnos también a superar la sensación de desintegración que tan frecuentemente se experimenta hoy en día.

A medida que profundizamos nuestro conocimiento en el Mandala, el potencial guardado en nuestro interior comienza a manifestarse cada vez con mayor intensidad.

“El pájaro dispone su nido y la araña teje su tela. Los planetas giran en torno al sol y las partículas bailotean alrededor del núcleo del átomo. Una sabiduría remota parece haber trazado cada rincón de la naturaleza a partir de un planteo circular. Sólo algunos hombres –también sabios- supieron que si creaban formas similares, el espíritu humano estaría acompasado con el ritmo del universo; así nacieron los mandalas, diseños sagrados inspirados en los secretos de la Naturaleza. A los mandalas tradicionales los artistas contemporáneos han sumado nuevas y variadas combinaciones, este interés por una forma arcaica y profunda es un murmullo de salvación, un indicio de que somos muchos los que aspiramos a encontrar la armonía invisible dispuesta por un gran Geómetra.”

Agradecemos a Julio Sánchez por habernos brindado el permiso de publicar sus sabias palabras

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Los Yantras
El ser humano es un microcosmos que refleja perfectamente el macrocosmos. Análogamente al macrocosmos, el ser humano tiene un doble energético, un cuerpo astral (psíquico), un cuerpo mental y un cuerpo casual. Todos estos cuerpos constituyen medios a través de los cuales se manifiesta el espíritu. Si en el macrocosmos las energías son infinitas, en el microcosmos las energías se encuentran en forma potencial, parcialmente activadas o altamente activadas según el entrenamiento de la persona.

En los métodos y prácticas de yoga encontramos una forma que se llama yantra yoga.

¿Qué es un yantra?

Un yantra es una figura geométrica, un diagrama de fuerza que sintetiza un tipo de energía universal.

Hay yantras para dinamizar el plano mental, el plano afectivo; yantras para los centros de fuerzas (chakras), etcétera.

En la parte exterior del yantra hay un cuadrado que tiene cuatro “puertas”: al Norte, al Sur, al Este y al Oeste. En nuestro microcosmos el Norte es la zona de la cabeza, el Sur es la base de a columna vertebral, el Este es el corazón y el Oeste la espalda. En el cuadrado con sus cuatro “puertas” se crea un espacio sagrado, protegido. El círculo exterior representa simbólicamente el mundo entero, con todos sus planos y energías. El punto central del yantra representa la trascendencia divina que es el centro de toda creación, ese “lugar” de donde aparecen y adonde volverán todas las energías de la Creación. El triángulo con la punta hacia abajo representa la energía-fuerza bhakti. Todo el universo es creado prácticamente por la acción de las energías (bhakti). Los pétalos representan rayos correspondientes a los chakras.

¿Cómo se medita con el yantra?

Nos sentamos en postura meditativa, con la columna recta. El yantra debe estar colocado en la pared; su centro se corresponde con la zona mediana de la frente donde se ubica el centro mental ajna chakra (tercer ojo). La distancia entre el yantra y nosotros es equivalente a nuestra altura. Fijamos la mirada en el yantra cubriendo toda la figura. Si mantenemos toda la atención enfocada en el yantra entre 3 y 5 minutos, observamos que en nuestra conciencia, en nuestro microcosmos, empiezan a dinamizarse energías benéficas, espirituales. El tiempo promedio de concentración en un yantra es de 10 a 20 minutos. Los efectos acumulativos, es decir que, si meditamos con un yantra varios días, se suman los efectos tanto en nuestro microcosmos como en el medio ambiente, que se va a llenar de una energía benéfica protectora. Los efectos aumentan si la meditación con el yantra es grupal.

Daniel Ciuciulete

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Los crop circles (en ingles, “círculos de la cosecha”) o agroglíficos son motivos geométricos complejos, diseñados en forma muy precisa, que suelen aparecer en los campos sembrados y a veces también en el hielo, la nieve o la arena. Estos motivos tienen en común que están siempre dibujados en hueco, por el aplastamiento de la vegetación sobre la tierra, haciendo que las figuras geométricas se presenten como grabados.

Aunque los crop circles no son un fenómeno reciente -hay testimonios que datan de 1678-, adquirieron mayor interés a partir de 1990, con la aparición de formaciones en los campos ingleses con diseños cada vez más espectaculares. Desde 1976, se calculan en más de diez mil, siendo su origen completamente desconocido.

Los que estudian este formato desde hace décadas identifican algunas constantes que permiten reconocer un crop circle original de copias realizadas por grupos de personas: hay cambios moleculares en las semillas ubicadas dentro de las formaciones, se notan alteraciones electromagnéticas, la vegetación está aplastada sobre la tierra como debido a una fuente de calor -esto ensancha el nudo donde se dobla la planta- y en general este aplastamiento es concéntrico.

Es notable que la mayoría de los crop circles aparecen en Inglaterra, en Wilshire, y más específicamente en los alrededores de Avebury y Silbury Hill, durante los meses del verano europeo -junio, julio y agosto-, cuando la vegetación está en su máximo desarrollo. A partir de agosto, los dueños de los campos comienzan la cosecha y estas formaciones desaparecen.

Mi interés por los crop circles es puramente estético. Me siento atraída por estos mandalas naturales y por su estructura geométrica. La espiral de Fibonacci, el pentagrama o estrella de cinco puntas, el rectángulo áureo y la vesica piscis, entre otras formas, tienen la capacidad de producir una resonancia armónica en el ser humano.

Floki Gauvry

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Laberintos Gigantes:
Recorrer con un dedo o con ambas manos simultáneamente un Laberinto tridimensional, vivenciar el cuerpo físico como un Mandala y la conciencia personal como centro del Universo, asombrarse con la experiencia de ver la propia imagen reflejada en un Mandala infinito dentro de una cámara octogonal de espejos, peregrinar dentro de Laberintos de meditación construidos con Geometría Sacra o internarse corporalmente dentro de Mandalas gigantes como la Rueda de la Vida Tibetana, son experiencias que nos conectan con el campo del ser.

Especialmente en estos tiempos turbulentos en los cuales nuestro hacer es cada vez más acelerado, estas Herramientas Sagradas de transformación facilitan la apertura de nuestra conciencia a la visión de la Unidad. Son instrumentos que sirven a la curación de la fragmentación y otorgan una visión más clara de la realidad como un todo interconectado pleno de sentido. Con esta comprensión, el amor surge espontáneamente, la violencia disminuye o desaparece, pues sería insostenible que una parte del cuerpo tuviera como propósito dañar a otra parte del mismo organismo.

La percepción de la conciencia de Unidad subyacente a todo y todas las cosas, hace surgir un sentimiento de amor, solidaridad y cuidado hacia la humanidad y el planeta, recordándonos nuestra responsabilidad en la promoción de la paz en la comunidad donde habitamos.

Las prácticas con Mandalas nos ayudan a descubrir el cosmos en medio de tanto caos, pues su propósito es abrir las puertas del alma, que nos conecta con el Espíritu universal.

Una de las llaves que abren esas puertas es el silencio, el silencio para escuchar y escucharse. Aprender a estar en silencio es un arte. No es sólo el silencio externo, es aprender a tener el corazón y la mente silenciosos.

En ese silencio podemos cultivar una actitud interna de no-juicio, no-crítica: un Testigo impersonal capaz de mirarnos curiosa y amorosamente. Que nos acompañe en nuestros recorridos, en nuestro proceso, que sea un espejo de nosotros mismos para convertirnos en seres cada vez más reales y más concientes.

Con ello nos conectamos con nuestra alegría innata. En la utilización de las Herramientas de Transformación de conciencia no hay reglas fijas, no hay un “debe hacerse así”, sino que cada uno es su propio maestro y es libre de experimentar. Esto permite el florecimiento de la propia creatividad y una alegría que no depende del éxito en la satisfacción de nuestros deseos y necesidades. Es la Alegría de estar vivo y ser, la alegría de estar en contacto con la propia humanidad esencial.

La Espiral y la evolución de la Conciencia

En el Universo en apariencia caótico subyacen un orden y un sentido. Las épocas de crisis, de turbulencias y cambios son momentos ideales para encontrar refugio en los valores estables y eternos que anidan en nuestro centro interior estable y eterno. Y la geometría sagrada es un camino real que nos conecta con la belleza, armonía y equilibrio de la Creación y del plan cósmico para la evolución de la conciencia.

La espiral y la forma helicoidal basada en la espiral aparecen en todos los reinos de la naturaleza, en lo micro y en lo macro: en piñas, girasoles, caracoles, huracanes, galaxias… y en la molécula de nuestro ADN. De allí la atracción que ejerce: por resonancia invita a la intimidad con nosotros mismos y a la intimidad con el Universo.

La Creación se originó en el vacío y el primer movimiento de organización es el de una espiral que gira sobre su propio eje. Por ello, es un símbolo de expansión y crecimiento, un anhelo de desarrollo hacia la totalidad. Es uno de los diseños más antiguos, que acompaña al hombre desde la prehistoria en distintas culturas y latitudes. Y, como todos los símbolos, tiene una función transformadora de nuestra energía psicoespiritual. Nos convoca a desacelerar nuestra marcha y escuchar el dulce susurro de la quieta verdad.

Si bien la definición de espiral es “una línea curva que da vueltas alrededor de un punto, alejándose cada vez más de él”, las hay de distintos tipos. A continuación describo algunas de ellas.

En la espiral de Arquímedes, las vueltas sucesivas tienen distancias de separación constantes, mientras que en la espiral logarítmica las distancias entre las vueltas se incrementan en progresión geométrica.

Espiral de Arquímedes

Espiral logarítmica

Entre las espirales logarítmicas, hay dos que se distinguen especialmente, que son la espiral de Durero (también llamada espiral áurea) y la espiral de Fibonacci.

La espiral áurea está asociada a las propiedades geométricas del rectángulo de oro. La razón de crecimiento es Φ, es decir, la razón dorada (1,6180…). Su diseño está basado en la propiedad del rectángulo áureo de dividirse en un cuadrado y un rectángulo que a su vez es áureo, en forma infinita.

La espiral de Fibonacci se construye con el proceso inverso, empezando desde el centro. Se comienza con dos cuadrados de lado 1, luego se añade otro de lado 2 (que es el resultado de la suma 1 + 1), después otro de lado 3 (dado por la suma 2 + 1), el siguiente de lado 5 (obtenido de la suma 3 + 2)… Es una sucesión sin límite de cuadrados cuyos lados forman la serie de Fibonacci (1, 1, 2, 3, 5, 8, 13, 21…).

La relación entre la espiral áurea y la de Fibonacci es estrecha, pues los cocientes de términos consecutivos de la serie de Fibonacci tienden al número áureo, Φ.

La espiral tiene dos movimientos, ambos necesarios en la vida y la evolución: a) el de implosión, que nos lleva hacia nuestro centro, y b) el de explosión, por el que irradia desde aquél hacia fuera. Conectarnos con ella nos permite trascender el tiempo lineal de nuestra mente racional, para sumergirnos en el tiempo sin tiempo —el eterno presente— de la conciencia esférica. Y es en el fuego de la presencia donde nuestra conciencia se transforma y propicia la transformación de la conciencia colectiva.

“El espíritu humano avanza de continuo, pero siempre en espiral” (Johann Wolfgang von Goethe).

Por su propiedad de crecer sin que se modifique la forma de la figura total, la espiral evoca la permanencia del ser a través de las oscilaciones del cambio. De allí que algunos estudiosos asocien espiral con espiritualizar. En antiguas culturas, la voluta espiralada era símbolo del aliento y del espíritu; el dios egipcio Toth (Hermes Trimegisto) aparece representado en algunas imágenes con una gran espiral sobre la cabeza y los faraones la tenían en su cetro de poder.

Y ¿quién no recuerda aquel querido juego de la oca que compartíamos de niños, en el cual recorríamos en espiral distintas pruebas que nos enseñaban a superar las que luego la vida nos presentara? Lo que quizás entonces no sabíamos es que ese juego también es una metáfora de un camino iniciático en el que las ocas eran las guías sagradas enviadas para dar consejo a los humanos acerca de cómo alcanzar la trascendencia que el alma anhela.

Los movimientos del espíritu no son círculos viciosos, sino movimientos espiralados que conducen, a través de nuestras experiencias humanas, de un nivel de conciencia a otro evolutivamente superior. Vivimos todas las historias —trágicas y risueñas—, cantamos todas las canciones —melodiosas y desafinadas—, bailamos todas las danzas —exaltadas y ceremoniosas—, pues a través de la experiencia es como podemos ir ampliando nuestra conciencia y elegir, a veces por ensayo y error, lo que trae paz y plenitud a nuestra alma y bienestar y alegría a la de aquellos con quienes convivimos. Tenemos la bendita oportunidad de develar, en todas y cada una de las experiencias que vivimos, lo que guía a nuestra conciencia hacia la Unidad.

En julio de 2012, en los jardines de la bella Quinta Trabucco de la provincia de Buenos Aires, la Red Los Mandalas convocó a la creación comunitaria de una espiral sagrada. Con cada piedra empleada en su construcción se sembró la intencionalidad de co-crear un mundo mejor para todos, un mundo de paz, amor y armonía, un mundo sustentable de prosperidad y bienestar para todos.

Lic. Ana Inés de Avruj